sábado, 31 de octubre de 2009

LOS PECADOS DE MI PADRE

En la edición 1433 de la revista SEMANA fue publicado un artículo titulado "LOS PECADOS DE MI PADRE" en el cual se reseña la manera como se dio el encuentro entre el hijo del extinto narcotraficante Pablo Escobar y los hijos de dos personas asesinadas por este, Luis Carlos Galán Sarmiento y Rodrigo Lara, en el encuentro, el hijo del ciudadano Escobar de ingrata recordación para los Colombianos, pidió perdón a los hijos de sus víctimas por los pecados de su padre. Además se anuncia la difusión de un documental al respecto.

Acudió entonces a mi el recuerdo de mi progenitor, a quien he dedicado la mayoría de artículos de este blog, y cuya desaparición increíblemente ya se acerca a los dos años de acaecida. No pude hacer nada más que maravillarme con su memoria, con sus recuerdos, con sus consejos de hombre ilustrado, vivido, experto en la vida, quien siempre quiso lo mejor para sus hijos y quien en sus charlas conmigo que se asemejaban a una instrucción de relación general (cantaleta pensaba yo en su momento) pronunciaba con palabras descarnadas lo que debe ser un verdadero hombre de bien:
  • Por encima de cualquier persona debes querer a tu mamá y, si te sobra espacio en tu corazón para mi, entonces la mejor forma de demostrármelo será con tus actuaciones.
  • Si un día por circunstancias ajenas a tu voluntad, designios del destino o que alguien o algo injusto te provocase y en defensa de tu honor o tu familia cometieras un delito que te condujera a la cárcel, yo te visito; pero si esto ocurriese porque simplemente eres un pícaro, ese día digo que tu NO eres hijo mio.
  • Debes ser siempre un hombre en todo el sentido y un caballero a carta cabal para que tu palabra tenga valor.
De manera que recordando estas palabras de mi padre y otras más y, leyendo el artículo en mención, desmenuce el título y me hice una pregunta concordante con éste. ¿Cuáles y cuántos pecados le conocí a mi padre? y más allá ¿A quien o quienes debería pedirle perdón por él? Entonces como luz en el firmamento, semejando el resplandor emanado por juegos pirotécnicos, encontré la respuesta dibujada con letras  azul profundo que hicieron emocionar mi corazón: Ninguno. Nada de que arrepentirse; nada de que avergonzarse; por el contrario, mucha grandeza, mucho corazón y enteresa, mucha heredad para mostrar a las nuevas generaciones.
Entonces mentalmente agradecí a mi padre por sus enseñanzas y su recuerdo. Recuerdos que en honor a la verdad, me dicen que tal vez sería oportuno efectuar el reconocimiento de algún pecadillo, pues repasando los pecados capitales, encuentro que el segundo es la gula y entonces allí si es necesario aceptar que hay algo que confesar, mi padre incurría en gula por la felicidad  y por el buen comer para él y su familia. De manera que no queda más remedio que reconocer estos pecados de mi padre, de los cuales fui testigo, participe y cómplice, y los cuales papá, te ruego que repitas una y mil veces cuando nos volvamos a encontrar, para degustar otra vez dos rondas en el rodizio, generosamente acompañadas de cerveza bien helada y con la irreemplazable compañía de tus palabras que hoy llevo grabadas en mi mente.

jueves, 24 de septiembre de 2009

LOS AMIGOS

Después de presenciar el fenomenal concierto liderado por Juanes en La Habana Cuba, al cual asistió casi la mitad de la isla, pude observar que el mensaje que transmitió sobrepasó fronteras y por tanto ideologías que dividen a la humanidad y algunas veces a miembros de un mismo pueblo. Por este motivo, me llegó a la mente el recuerdo de un amigo Ecuatoriano de quien no tengo noticias desde hace casi veinticuatro años. Nos conocimos en la Escuela de Cadetes de Policía General Santander donde fue enviado por su país a efectuar curso de oficial y durante dos años compartió con nosotros los abatares de la carrera que elegimos; sintió el frío de nuestras madrugadas y el viento gélido del atardecer, templó su espíritu y su cuerpo trotando acompasado a nuestro lado y se notaba feliz en nuestra patria. Me gustaría volver a saber de su vida.
A través de la historia han existido múltiples conflictos étnicos, políticos, religiosos, que han creado barreras entre los pueblos, aun dividiendo hijos de la misma sangre como lo fue en su momento el muro de Berlín, o como el conflicto Cubano surgido posterior a la revolución que derrocó el régimen de Batista. También han existido en cada época, artistas como Juanes que con su música, aceptación y reconocimiento popular intentan llevar el mensaje de fraternidad por encima de cualquier diferencia ideológica. Jhon Lennon en su canción IMAGINE nos invitaba a imaginar un mundo sin países, sin fronteras, donde toda la gente viva en paz; es un sueño, pero quizá algún día el mundo logre derribar fronteras, aunque sea parcialmente como lo ha hecho la Unión Europea.
Es fácil soñar pero la realidad es otra pues las relaciones entre los seres humanos han sido y serán siempre tormentosas, papá solía decir que es difícil conseguir un verdadero amigo y que quizá a lo largo de nuestra vida nos sobraran dedos para contarlos. Ojalá se pudiese actuar todo el tiempo con la mentalidad sincera de un niño, sin ideologías que distancien, solo con fantasías que cumplir.
No se como será en el cielo padre mio, pero mientras nos juntamos para averiguarlo de primera mano, convoca mucha gente alrededor tuyo y distraelos con tus historias y anecdotas sinfin hasta hacerles olvidar cualquier pensamiento contrario.

martes, 18 de agosto de 2009

LÁGRIMAS DE POLICIA

El prodigio de la mente humana me permite recordar con claridad meridiana cuando era niño y las lágrimas acudían a mis ojos como respuesta a cualquier golpe, rabieta o simplemente deseos de llamar la atención "Los hombres no lloran" decía papá como uno de sus recursos para tratar de detener mis lágrimas.
Hoy, muchos años después, una vez más he recordado las palabras cariñosas de papá y constatado que los hombres si lloran sin importar cuan rudos o viejos sean. Hoy vi y sentí correr lágrimas de hombres policías.
Contrario a lo apacible de la muerte de papá, quien hace año y medio rindió tributo al hecho de ser mortal, noventa años después de ver la luz del día, el señor Brigadier General de la Policía Nacional Valdemar Franklin Quintero veinte años atrás sintió en su pecho pletórico de sueños, el golpe injusto de las balas asesinas que, sicarios a sueldo del narcotráfico alojaron en su cuerpo, en un intento desesperado de criminales acorralados por tratar de silenciar la voz altiva de aquel hombre honesto, policía integro quien jamás cedió un centímetro en su lucha contra el delito, fiel hasta la última gota de sangre a su juramento. De la muerte de mi coronel, ascendido de manera póstuma al grado de Brigadier General se cumplen en este mes veinte años y hoy asistí a un homenaje en su memoria.
Corrieron lágrimas. Mientras escuchaba las palabras de su hijo en aquella sentida ceremonia, vi como las lágrimas de aquel hombre policía humedecian las hombreras de su guerrera verde aceituna, la misma que veinte años atrás se tiño con la sangre de su padre. No pude, ni quise evitar que sucediera igual con la mía al recordar la imagen de mi amado padre. Entonces, mentalmente hice una comparación entre aquellos destinos, entre aquellas dos historias de vida.
Aunque aun nos duele su ausencia, papá murió de la enfermedad de la cual deberían morir todos los humanos. De viejo. Murió después de recorrer el camino completo, de ver crecer sus hijos, de compartir con nietos y biznietos, a cambio, asumo que mi general Franklin debió separarse de sus hijos para acudir a la cita con el creador, cuando estos apenas eran niños.
Las palabras ahogadas por los sollozos de aquel hijo policía, fueron el mejor homenaje que un hijo puede rendir a su padre. Las sentí preñadas de sinceridad, rebosantes de humildad, pletóricas de amor, acompañadas de anhelada resignación, desprovistas de humano rencor. En el tono de aquella voz y la interpretación de sus fonemas pude encontrar el mensaje de un hombre quien ha encontrado en la profesión heredad de su padre, la mejor manera de sentirlo, de vivirlo, de materializarlo y llevarlo más allá del tiempo a las nuevas generaciones.
En nuestro país como en casi todo el mundo, es común observar grandes homenajes póstumos a personas con reconocimiento público, dejando a veces de lado a héroes anónimos sin cuya entrega desinteresada no tendríamos la patria que hoy tenemos. Ese es el caso de los mártires de la policía, a quienes hoy por intermedio de mi general Franklin, haciendo un alto en el camino, recordamos con cariño y gratitud inmarcesible.
Mi general, descanse en paz al lado de los héroes de nuestra patria. Si por casualidad llegase a encontrarse con papá en los predios del todopoderoso, no deje de escucharle cantar a capela muchachita de campo, como lo hacía para mi en sus mejores tiempos. Cuentele que apenas la semana pasada tuve el ánimo para hacer esculpir su nombre en la piedra que cubrirá su tumba allá en ese pequeño espacio de mi pueblo donde reposa su cuerpo.

sábado, 3 de enero de 2009

BIENVENIDO 2009

Para todos un feliz año.
Como por arte de magia el tiempo nos ubica ya en el año 2009 y para mis amigos de profesión compañeros de curso, en pocos días (exactamente siete) se cumplirán veinticinco años físicos de haber abandonado nuestras melenas y bigotes para poder enfundarnos en el uniforme verde aceituna. Aunque algunos ya no lo portan y otros ya no están con nosotros en esta vida, parece que eso fue ayer. Luego si veinticinco años no han sido nada, un año de la muerte de papá, que se cumple el próximo seis de enero, es solo un abrir y cerrar de ojos. El tiempo impasible, ha logrado atenuar un poco el dolor de su ausencia y ahora su grato recuerdo genera menos nostalgia y más tranquilidad, al evocarlo como el gran hombre que fue y de quien seguro soy una copia muy aproximada. Copia de su forma de pensar y de ver la vida, de defender su punto de vista aunque para otros eso parezca capricho, de amar la familia con devoción religiosa y respetar a nuestros semejantes como hermanos en cristo que somos, tratando siempre de hacerles el bien.
En fin, bienvenido 2009, aunque sea el primer año que se inicia sin la presencia terrenal de papá pero con muchas expectativas para el futuro, futuro próximo o casi presente, donde veo nuestros descendientes ocupando nuestro lugar. Es increíble observar como ya nuestros hijos empiezan sus estudios universitarios e inclusive algunos como profesionales ya han ingresado al mundo laboral. Creo que no supimos cuando ocurrió eso, y al encontrar los viejos amigos el tiempo se detiene como si nunca hubiese pasado. Pero pasó, y se llevó nuestro pelo, o lo ha blanqueado; y ha aminorado nuestras fuerzas en la medida en que ha aumentado nuestros vientres; y ha traspasado esa vitalidad a nuestros descendientes, en quienes nos congratulamos observándolos rebosantes de losanía, esgrimiendo esos bríos que sentimos en otros tiempos.
Leí hace poco, que la vida de un hombre no se mide por los años que vive sino por la felicidad que genera durante el tiempo que existe. En el caso de papá, quiero agradecer a Dios por permitirle irradiarnos felicidad extrema durante noventa años. Tanta felicidad, que aun hoy un año después de su partida, hace que su luz brille como nunca sobre nosotros tan intensamente como si fuese el medio día del solsticio de verano, justo como si apenas empezara la canícula.
Descansa en la paz de Dios padre mio.