“MI AMIGO EL POLICÍA (2)”
La palabra policía proviene del griego “πολιτεία” “Politeia”
(gobierno de la polis), polis significa Ciudad – Estado, término que derivó en el latín “Politia”[1]. Es justamente
en las ciudades, donde la concepción moderna de la palabra, traducida en la institución
encargada de velar por la vida, honra, bienes y tranquilidad, resumida en el
concepto de seguridad ciudadana, tiene su mayor compromiso.
A medida que las ciudades crecen, el clamor de
los habitantes de las urbes es igualmente ascendente, reclamando el otrora
policía de la esquina, aquel conocido por todos, cercano a todos, respetado por
todos y líder indiscutible de las comunidades.
La modernidad que dio movilidad al policía, las
murallas y rejas que rodean los conjuntos cerrados y la gran expansión de las
urbes, genera la brecha que permanentemente la Policía Nacional de los
Colombianos trata de cerrar para atender el justificado reclamo de la población
que pide en coro la presencia de su policía como muestra de confianza, lo cual
nos compromete aún más. Para lograrlo se acude a programas de participación
comunitaria como son las redes de apoyo y los frentes de seguridad local que
agrupan la comunidad alrededor de su policía, los cuadrantes que intentan
sectorizar los problemas para ser confrontados con mayor efectividad, el uso de
la tecnología (cámaras de vigilancia, redes sociales y emisoras) como medio
efectivo de aproximación, pero sobre todo el análisis sociológico de la problemática
contravencional, el abordaje criminológico de los delitos y la articulación de
todas las herramientas disponibles a nivel mundial, aunadas a nuestra propia experiencia de 124 años
interactuando con las policías más avanzadas y exitosas del mundo, de quienes
hemos asimilado su experticia y conocimientos,
así como ganado su reconocimiento, confianza y cooperación.
La formación de un corazón de Policía toma un
tiempo en nuestras escuelas, pero su maduración solo se logra tras noches de
ronda velando el sueño del barrio arrullado por la tonada enamorada de una
serenata; con jornadas de sudor bajo el calor de nuestro trópico que calienta
la piel ya bronceada por el sol canicular en bajas altitudes; sintiendo el frio
penetrante que intenta congelar los pies en nuestros pueblos del paramo y el
vivir al lado de nuestros compatriotas las adversidades diarias, la ignominia
de nuestro conflicto interno y los vaivenes del devenir histórico, que nos
lleva, casi siempre alejados de nuestras patrias chicas, a dedicar nuestro
mejor esfuerzo para lograr el bienestar
del pueblo colombiano, recompensados por la satisfacción del deber cumplido y
algún momento de esos que impresionan el alma, como aquel que en medio del
problema humanitario generado por la deportación masiva en la frontera oriental
de nuestro país, genera el abrazo
agradecido y sincero del propietario de un vetusto televisor, al recibir la
ayuda de la mano amiga de un hombre vestido de verde aceituna con gorra de
notorio letrero que dice “POLICÍA”, para cruzarlo a salvo vadeando las aguas
turbias de un riachuelo, que no fue necesario se abrieran para permitir su
retorno precipitado a la tierra prometida, esa que sus ancestros liberaron para
él, dando origen a esta su patria donde con total seguridad podrá empezar de
nuevo.
Dios ilumine al Policía encargado de proteger el
campo o la ciudad, donde aquel compatriota logre poner en funcionamiento el
luchado televisor, para que tranquilamente su sonido e imágenes lo acompañen a
resoñar sus sueños.
[1] LONDOÑO CÁRDENAS, Fabio Arturo.
Introducción a la filosofía policial. Bogotá: Fondo Rotatorio de la Policía
Nacional, 1994. P.77.
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