lunes, 8 de agosto de 2016

MI AMIGO EL POLICÍA 2

“MI AMIGO EL POLICÍA (2)

La palabra policía proviene del griego “πολιτεία” “Politeia (gobierno de la polis), polis significa Ciudad – Estado, término que derivó en el latín Politia[1]. Es justamente en las ciudades, donde la concepción moderna de la palabra, traducida en la institución encargada de velar por la vida, honra, bienes y tranquilidad, resumida en el concepto de seguridad ciudadana, tiene su mayor compromiso.
A medida que las ciudades crecen, el clamor de los habitantes de las urbes es igualmente ascendente, reclamando el otrora policía de la esquina, aquel conocido por todos, cercano a todos, respetado por todos y líder indiscutible de las comunidades.
La modernidad que dio movilidad al policía, las murallas y rejas que rodean los conjuntos cerrados y la gran expansión de las urbes, genera la brecha que permanentemente la Policía Nacional de los Colombianos trata de cerrar para atender el justificado reclamo de la población que pide en coro la presencia de su policía como muestra de confianza, lo cual nos compromete aún más. Para lograrlo se acude a programas de participación comunitaria como son las redes de apoyo y los frentes de seguridad local que agrupan la comunidad alrededor de su policía, los cuadrantes que intentan sectorizar los problemas para ser confrontados con mayor efectividad, el uso de la tecnología (cámaras de vigilancia, redes sociales y emisoras) como medio efectivo de aproximación, pero sobre todo el análisis sociológico de la problemática contravencional, el abordaje criminológico de los delitos y la articulación de todas las herramientas disponibles a nivel mundial,  aunadas a nuestra propia experiencia de 124 años interactuando con las policías más avanzadas y exitosas del mundo, de quienes hemos asimilado su experticia y conocimientos,  así como ganado su reconocimiento, confianza y cooperación.
La formación de un corazón de Policía toma un tiempo en nuestras escuelas, pero su maduración solo se logra tras noches de ronda velando el sueño del barrio arrullado por la tonada enamorada de una serenata; con jornadas de sudor bajo el calor de nuestro trópico que calienta la piel ya bronceada por el sol canicular en bajas altitudes; sintiendo el frio penetrante que intenta congelar los pies en nuestros pueblos del paramo y el vivir al lado de nuestros compatriotas las adversidades diarias, la ignominia de nuestro conflicto interno y los vaivenes del devenir histórico, que nos lleva, casi siempre alejados de nuestras patrias chicas, a dedicar nuestro mejor esfuerzo  para lograr el bienestar del pueblo colombiano, recompensados por la satisfacción del deber cumplido y algún momento de esos que impresionan el alma, como aquel que en medio del problema humanitario generado por la deportación masiva en la frontera oriental de nuestro país,  genera el abrazo agradecido y sincero del propietario de un vetusto televisor, al recibir la ayuda de la mano amiga de un hombre vestido de verde aceituna con gorra de notorio letrero que dice “POLICÍA”, para cruzarlo a salvo vadeando las aguas turbias de un riachuelo, que no fue necesario se abrieran para permitir su retorno precipitado a la tierra prometida, esa que sus ancestros liberaron para él, dando origen a esta su patria donde con total seguridad podrá empezar de nuevo.
Dios ilumine al Policía encargado de proteger el campo o la ciudad, donde aquel compatriota logre poner en funcionamiento el luchado televisor, para que tranquilamente su sonido e imágenes lo acompañen a resoñar sus sueños.



[1] LONDOÑO CÁRDENAS, Fabio Arturo. Introducción a la filosofía policial. Bogotá: Fondo Rotatorio de la Policía Nacional, 1994. P.77.

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